Escrúpulos. (Juana Cángaro)
Fecha Thursday, 01 January a las 00:59:59
Tema


                                        Escrúpulos.


Él me dijo, escrúpulos, deletrea la palabra y con la palabra  que él deletrea se forma un paisaje, también un gesto agrio en su boca, una mueca sórdida y llueve como nunca había llovido antes en este verano que apenas empieza y el calor dominante doblega los pensamientos. Una sensación térmica de cuarenta y un grados hace que el cuerpo tiemble cuando uno se mete de golpe en el agua de la piscina, es la única forma de que los pensamientos no se volatilicen con el calor y la humedad  deje momentáneamente de trepar por los huesos. Dicen que ahora cambió el clima, creo que es cierto, cambió el clima y qué pienso, cada uno vive en el clima que le tocó, cambió el clima, parece el oeste, dicen, si parece el oeste, pienso, me acuerdo de Pedro Páramo, “ El llano en llamas” ese salitral infinito que parecía no tener límites y el sol crujiendo desde arriba y los hombres y los caballos reventados por el calor como único testigo de ese andar en que nada se vislumbrara solo el sol crujiendo sobre los hombres y los caballos reventados por el calor y la piel gastada de los hombres y los escupitajos sobre esa tierra donde el agua estaba olvidada y los escupitajos de los hombres sobre esa tierra olvidada del agua caían y antes de caer ya se secaban, la tierra no reconocía esa saliva, no se daba cuenta de aquellas gotas escupidas en la aridez del lugar y sí,  pude que esté cambiando el clima o tal vez seremos nosotros que ya no  soportamos al clima los que estamos cambiando.
Nado un rato y salgo fresca y pienso que tengo suerte en tener una piscina o tal vez no la tenga y sería mejor saber soportar el calor y el frío y la humedad de este clima que dicen que está cambiando.
La palabra escrúpulos le hizo un tajo a la tarde, al sol, a mi cuerpo también le hizo un tajo, un cuchillo filoso y agudo que se ensarta en mi ombligo y  el cuchillo que se alza despacio y sentencioso hacia arriba buscando la garganta y también la sangre caliente que se derrama, que gotea que se desprende de mi y busca correr por otros lugares.
Anoche llovió tanto y los relámpagos caían como meteoros azulados y los truenos descargaban sus bombas  del cielo hacia la tierra y la casa tembló. Una guerra, hacinamiento, miedo, los hombres cayendo, saltando en partículas, el agua que no llega, el sol sin piedad y el olor, tampoco tiene escrúpulos el olor de las cuerpos  muertos sin pudor, no hay estrategia, no hay nada más que desolación, un último estupor que no se entiende clavado a sus caras, a su último aliento, a lo que pensó y pudo pensar antes de gemir sin saber  o sabiendo que se había perdido su vida sin diapasón en la única soledad  en que no vuelven los encuentros.
Me callo, golpeo el suelo, pretendo disipar la palabra, escrúpulos es la palabra que él dijo a destajo y tal vez disipe la palabra, pero ahora  no puedo, no entiendo,  tal vez más tarde entienda, hoy la lluvia me ocupa y me secuestra a lugares desconocidos y tan de cada día.
Tener escrúpulos. No tener escrúpulos.
Los bombardeos siguen, un niño-hombre intenta escribir una carta, llueve, al niño- hombre se le moja el papel, al niño- hombre se le moja la lapicera, al niño- hombre lo atraviesa una  ráfaga de ametralladora y cae sin palabras escritas cae sin papel cae sin lapicera cae y su pensamiento se esfuma y la muerte lo ocupa como único testigo de lo que no se sabrá.
Ese gesto prendido a su boca, soltando una crisálida que emerge en el primer vuelo me roza la mejilla como una mano pesada y la mejilla roja intenta ocultarse y el viento da vueltas a mi alrededor haciéndome girar cada vez más rápido gira mi cuerpo y se eleva con los brazos abiertos como las aspas de un  molinete se eleva y desaparezco de sus ojos que me miran y sus ojos que  me miran son dos líneas duras sus ojos que me miran y su boca que repite mientras me alejo deletrea la palabra y con la palabra  que él deletrea se forma un paisaje, también un gesto agrio en su boca una mueca sórdida y llueve como nunca había llovido antes en este verano que apenas empieza y el calor dominante doblega los pensamientos.
 
La miro, no dejo de mirarla, ella sonríe y pienso que me gusta su sonrisa que la descubre nueva con la curvatura de sus labios hacia arriba y pienso que su sonrisa esconde, me desarraiga y su sonrisa deja de gustarme, entonces ella se pone seria y su cara adquiere una seriedad inusual que me deja afuera








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