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EL HOMBRECITO AQUEL.... (alejarce)
Anonimo escribió "
Descorchó la botella de vino tinto y se sirvió hasta el límite exacto sin derramar nada. Esa forma peculiar de llenar el vaso tenía la apariencia de cierta avaricia, como si el derramar el líquido fuera un acto de desprendimiento al que no estaba acostumbrado. El hombrcito acabó rápidamente con el contenido y en forma compulsiva volvió a llenarlo nuevamente. El hombrecito era de edad indefinida, todo en él parecía ser anónimo, absolutamente gris. La ambigüedad desvanecía sus gestos y parecía quedar irremediablemente perdido dentro de sí mismo. Bebió rápido, con un gesto de rabia y cayó pesadamente en el sillón que parecía estar esperarándolo. Hombrecito gris, sumergido en la penumbra del recuerdo, aquel recuerdo una y otra vez, hasta el hartazgo aparece sin remedio, persiguiéndolo sin tregua, despierto y en los sueños, bebiendo la cuota desmedida y sin olvido, cabalgando en las noches apenas adormecido, aquellos ojos mansos y tristes, por donde parecía que se le iba escapando el alma, el pelo rubio, largo y ensortijado, flotando en el viento y él dando vuelta la cabeza para verla, mientras el camión se alejaba y la mirarla por última vez... Era una pendeja casi y me la trajeron para que la aflojara. Cuando la vi, las ganas de tocarla se me apretó entre las piernas y ahí no más supe que con ella todo iba a ser diferente. Cada vez que le metía la picana en el cuerpo y ella gritaba y se sacudía como un muñeco yo le chamuyaba despacio, que se quedara mosca, que se hiciera la muerta, pero ella nada, no me daba ni cinco de pelota y yo tenía que seguir y seguir hasta que por fin la muy tarada se desmayaba, entonces le tomaba el pulso y me tranquilizaba de haber estado tan justo, en el límite justo, no como a veces, en que en una de esas se te va la mano y la mandas para el destino equivocada. Delante de los demás me hacia el macho, pero a medida que pasaba el tiempo no quería que nadie la tocara, solamente yo, para darle despasito y que ella me mirara con esos ojos tristes y mansos por donde parecía que se le iba escapando el alma. Después la acomodaba en el suelo y la abrigaba y ella temblaba como un pajarito y yo la acariciaba hasta que se quedaba dormida y me metía dentro de ella como si fuera el primer hombre que la tocara. Nunca me voy a olvidar cuando la saqué de allí... la metí entre la pila de muertos que cargaban diariamente en el camión para llevárselos y le tapé los ojos para que por lo menos no viera nada, le tapé los ojos, como cuando la trajeron “ tabicada” para llevarla lejos, en la otra punta del camino, ya lo había transado al chofer para que subiera al nuevo pasajero, después de todo el chabón era amigo mío. ¡Amigo! ¡Bah, era otro hijo de puta como yo! Pero cundo le pasé unos mangos al bolsillo se quedó callado y así supe que acepto. Era una buena oferta y no la despreció. Nos detuvimos en el bar del Chueco como siempre que llevábamos este tipo de cargamento, o sea que hicimos lo de costumbre para que no hubiera sospechas. De cualquier forma la cana estaba metida en esto igual que los milicos y los curas y la mitad más uno del país estaba de acuerdo en hacer desaparecer a todos éstos, yo no sabía si estaba bien o mal, yo cumplía Órdenes de arriba, ellos Ordenaban, yo Respetaba la Jerarquía,
Pero esta piba, me pegó fuerte, me pegó de veras, por eso me juego el pellejo con ella, por eso la quiero salvar a toda costa, para que no la toquen, para que se de cuenta que la picana es algo que tiene que ver con el deber y otra cosa es que la quiero con locura y por eso hago todo esto por ella... la voy a dejar en el ranchito que está metido cerca del río, después que se arregle, pero a mi seguro que no me va a olvidar... yo voy hacer siempre su recuerdo.
El Chueco trajo la botella de vino tinto y serví los vasos hasta el límite exacto, Acabé rápidamente el contenido y en forma compulsiva volví a llenarlo nuevamente, Tomé con apuro, para darme valor, para poder dejarla. Tampoco yo olvidaría nunca sus ojos tristes y mansos, por donde parecía que se le iba escapando la vida, nunca olvidaría su pelo largo, rubio y ensortijado flotando en el viento cuando la dejé en la puerta de aquella casa desvencijada y me di vuelta para verla, mientras el camión se alejaba y yo la miraba por última vez.
heathcliff el Thursday, 01 January a las 00:59:59 (5309 Lecturas)
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