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LAS PISADAS EN LA ARENA (ALEJARCE)
Anonimo escribió "
Las pisadas en la arena. La arena húmeda. El mar zigzagueando y los pies andando en el zigzagueo del mar.
Alejándose. Los pasos. Los pies. La arena. Ella. Él la mira desde lejos. Tiene una mirada extraña, unos ojos grandes de color indefinido y unas cejas gruesas y una nariz afilada y una boca donde se asomaban los dientes amarillos, ennegrecidos por el tiempo y la suciedad. Mientras la miraba alejarse, pensò... que era linda y que le gustaría hablar con ella. Hablar y que ella lo miraba con esa profundidad de océano, de tempestades grisáceos, tinieblas de faro que se encrespaban en sus pupilas aceradas. Detenerla para que no se fuera nunca y tomarla entre sus brazos para inclinarla sobre la arena y ella lo dejaría hacer, definitivamente atrapada contra el cuerpo sudoroso de él y el cuerpo de ella estaría húmedo porque la arena rubia estaría húmeda, entonces le tocaría la piel por todos lados y buscaría hundirse entre esas piernas ajenas y lustradas. Él la mira irse y ella es una silueta que se escapa entre los rayos poblados del sol en la tarde. Enciende un cigarrillo. Siente el gusto áspero del tabaco pegándose a la lengua y aspira el humo hasta que el aire caliente lo quiebra en una tos corta y seca. Hace mucho que presiente que la vida se le està yendo en cada pitada, en cada cigarrillo que se pone en la boca. Piensa que sabe qué es lo que le está pasando, pero también sabe que no le importa y si le importara, ahora ya sería tarde, prefiere prender el cigarrillo y dejar que el humo le encienda las entrañas y la tos lo quiebre mientras el tabaco se queda pegado a su lengua y escupe para sacárselo. Se sienta y mira el reloj. La tarde empieza a caerse sobre el mar y los colores se desatan y los rosados se mezclen con los púrpuras y los amarillos y las nubes van dejando su blancura. Entonces ella comenzará su regreso, ese ritual de todos los días, como si los días no sirvieran màs que para eso. Caminar con un rumbo zigzagueante sobre la arena húmeda, sobre la arena rubia y los pies de ella bordeando el mar que zigzaguea en la arena y el mar zigzagueando. Esperala. Que llegue hasta él. Que se aproxime y tenderla sobre la arena que estará húmeda y todavía caliente, echarle la cabeza hacia atrás y descubrirle la boca ancha, los brazos enroscados en su cuello y él abrièndole despacio el escote como si el tiempo no importara y meter su lengua en el hueco de los hombros, en los huesos que están entre el cuello y los hombros, saboreando la piel tersa y salada, mientras la lengua marca un camino laborioso de saliva hasta llegar a los pequeños montículo de los seno, dos valles que emergen y las puntas rosadas, casi transparentes debajo de sus dedos que exploran sin poder detenerse, sentir entre sus manos la brevedad de la cintura y buscar con ansiedad el bello enrulado, esa colmena escondida y punzante, meter su lengua en ese estuche que se abre y dejar allí hundida la cabeza para tocar la profunda caverna donde el fuego arde. Ella se acerca. Ya siente su presencia de ciervo, su olor de nardo. Los colores caen perpendiculares al mar y también caen perpendiculares sobre ella, los colores caen sobre su piel que está dorada por los rayos perpendiculares del sol que ahora caen perpendiculares sobre el mar. La mujer se aproxima y él busca a tientas en su bolsillo un cigarrillo. Se lo pone en la boca y lo enciende. El tabaco se le pega en la lengua y escupe. La tos arremete como todas las veces que aspira el humo en una bocanada grande. Ella pasa por su lado sin mirarlo y asciende por el sendero bordeado de tamariscos y se pierde de sus ojos como si la tarde se la tragara en los comienzos de la negrura. La mira irse. Piensa que ni siquiera dio vuelta la cabeza para mirarlo. Piensa que tal vez no sabe de su existencia, que por eso no dio vuelta la cabeza parea mirarlo. Sin saber para què, comienza a seguirla sin que ella lo advierta. Las ramas de los tamariscos le arañan la cara. La mujer y èl son los ùnicos habitantes de La Caleta. El hombre sigue ascendiendo por camino que lo lleva a la Casa de La Colina. La mujer sigue caminando. Él la sigue.
heathcliff el Thursday, 01 January a las 00:59:59 (5815 Lecturas)
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