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EL abrazo de la noche (alejarce)
Anonimo escribió "
Lo primero que siento es un choque en mi cabeza y el estallido junto con los gritos y también la frenada del coche y yo que salto, salto en el ruido de la frenada, desprendída en arabescos livianos, como si todo fuera una película en cámara lenta. Algo cruje dentro de mi cabeza. Y me veo a mi misma dando vueltas en el aire y las voces que gritan y dicen las voces gritando. Mirá lo que le hiciste, la mataste. Dicen. Y sorpresivamente comprendo que se refieren a mí. Que sigo dando vueltas en el aire acompañando el sonido musical de los frenos. Maldito, dijo él. Maldito hijo de puta. Repitió él. Y me abraza y me llama y yo estoy acostada en el asfalto frío como si el asfalto frío fuera una cama mullida que me ampara. Estoy aquí, dije. Pero mi voz se escuchó en los rincones de mi cuerpo y se quedó atrapada en los rincones de mi cuerpo, sin el aire que estaba en el aire que mi voz no tocaba. Y las lágrimas me salpican y la saliva de tu boca que sale a borbotones, como mi sangre, que se va escurriendo de mi cuerpo.. Un río de saliva, de sangre y de palabras que dicen: Hijo de puta, mirá lo que le hiciste, mirá... Y apenas después, el sonido de la ambulancia y apúrense. Dice. Otros también dicen. Se está muriendo. Dicen. Y vi como el cielo se oscurecía y el silencio y el silencio. Vaivén. Blanco, blanco vaivén. Una luz llega, blanca luz llegando. Un camino sinuoso. Ceguera iluminada. Una luz blanca. Destellos inútiles van a perderse en la negrura. Blanca luz, blanca. Los ojos cerrados. La luz incendia los párpados. Una línea como un horizonte. Una hendidura, una puerta abierta que deja pasar la luz blanca que titila y otra vez más y muchas veces más, la negritud extendiéndose como una noche larga, una eterna noche. Larga negritud como una noche larga y entonces los relámpagos se filtran por la línea apenas abierta de los párpados, pesados, heridos, crueles. Una voz, ese sonido es una voz, matizado susurro que me llega en la noche oscura y en los relámpagos que se filtran imperceptibles. Ahora la voz se arrincona y se mete dentro de otra voz. Las voces se entrelazan y luego se esconden en el vaivén de la noche donde la luz no penetra. No hay tiempo. Te digo.. No hay más que la nada de un tiempo infinito y en la negritud esos instantes de luz blanca y las voces metiéndose una dentro de otra hasta que se apagan en un sollozo casi mudo, transparente, helado y la negrura vuelve a hundir todo en la nada, en la ceguera profunda y de repente, otra vez la luz. Cuando la luz aparece, te hablo, te digo que te escucho, que no dejes de escucharme. Inútilmente te hablo. Se acabó el sonido de mi voz en las palabras. Algo cae en mi interior, mi interior es la negrura sin tiempo y las voces se meten una dentro de otra y se acercan en matizados susurros que me llegan en la noche oscura y en los relámpagos que se filtran imperceptibles hasta el destello donde comienza la luz. Las voces. Las voces hablan entre si. Y también las voces me hablan. Dicen mi nombre y yo reconozco mi nombre en sus voces sollozantes. Lloran las voces que pronuncian mi nombre, mi nombre es largamente conocido. ¿Cuánto hace que mi nombre se apoya en tus labios para nombrarme? Algo se sacude en la noche. Yo soy la noche, igual que mi nombre repetido hasta el cansancio, yo soy ese nombre. Mi boca permanece atrapada en los silencios, la mudez en el espacio es un eco sin sonido que no regresa. Has dejado de escucharme. Y ahí están tus manos sobre las mías. Tus manos que frotan las mías infundiéndoles un calor que no llega. El frío es enorme. Yo soy ese frío. Tus manos son tibias, tus venas gruesas y azules por donde fluye roja la sangre que no calienta mi sangre detenida en un espacio infinito. Has dejado de sentirme. Me habla tu voz. Habla y se detiene en el borde de la palabra y yo siento cómo el agua de tu boca salpica mi cara. Pero tal vez no sea el agua de tu cara la que salpica mi cara, y son tus ojos que están llorándome y son las gotas saladas de tus ojos las que salpican mi cara que está quieta y ausente. Desde la ventana de ese cuarto se ven las copas de algunos árboles. Decís. Te gustan esos árboles. Decís. Las hojas tienen los colores ocres del otoño, es un día transparente como aquel día en que nos encontramos cuando fue la primera vez. Decís. Escuchame. Decís. Dice tu voz que yo reconozco entre todas las voces. Pero vos no sabés que yo sé de tu voz y que tu recuerdo está intacto dentro mío, como fotografías que se apilan en los rincones de la memoria. Te escucho y no hay indicio, por más imperceptible que sea, que te lo haga saber. Recuerdo el instante del estallido y los fragmentos de mis pensamientos desperdigados en infinitas partículas doradas. Mis pensamientos eran órbitas que giraban y al tocarse unos con otros producían un nuevo estallido y después la nada. Estoy suspendida en la nada y voy a caer. Haz dejado de sostenerme. La tristeza te envuelve y el manto de tristeza que te envuelve resbala por tu cuerpo y tu cuerpo desnudo no tiene consuelo. Hablás y tu voz retumba en los sótanos de mi cabeza, como en las catacumbas de una iglesia. ¿Cómo será verte nuevamente? ¿Estarás cerca de la ventana de este cuarto donde se ven las copas de algunos árboles y las hojas tienen los colores ocres del otoño? ¿Será realmente un día transparente como aquel día en que nos encontramos cuando fue la primera vez? ¿ Cuánto tiempo ha pasado entre lo que fui y lo que soy? No puedo determinar el tiempo. No podré determinarlo nunca. ¿Esa traslación de astros a mi alrededor es el tiempo? ¿El tiempo real? ¿Este tiempo de hoy que no puedo precisar? ¿O aquel otro que va acompañando la cotidiana indiscreción de los relojes? Ya no veo las finísimas arañas que rodean tus ojos y se detienen con crueldad alrededor de tus ojos. ¿Cómo será verme nuevamente? Tener un espejo y mirarme hasta poder reconocerme en mis mismos ojos. ¿Y mis labios? ¿Cómo serán mis labios? ¿Tal vez una fina línea apenas esbozada que se pierde en la rígida palidez de mi rostro? ¿Y mi cuerpo? ¿Tan ajeno estará que no se siente que no emite un sonido ni expande color alguno y despedido de sí mismo naufraga demente en aguas heladas? ¡ Ah! ¡ Qué inalcanzable me resulta el ayer! ¿Será porque hoy ha dejado de existir y mañana no estará en ninguna parte? ¿Por qué me retenés? ¿ Por qué no abrís de una vez tus manos y me dejas escapar? Soy un pájaro. Quiero volar y alejarme de tu voz que retumba en los sótanos de mi cabeza como en las catacumbas de una iglesia. Volar es escapar de la quietud. Olvidarse de olvidar. Reconozco tu voz y tus palabras. Una dicha lejana y desmedida me abrasa por dentro y me quema como un fuego de cristales. Sucumbo en el sonido de tu voz que me retiene. A pesar mío me retiene. A pesar mío quiero que me sigas reteniendo. Pero la quietud no tiene que ver con el vuelo. Tantas veces tu voz. Tantas veces el vuelo. Tantas veces la máscara blanca y fría colocada sobre mis brazos que no abrazan. ¡Ah! Si el grito pudiera agujerear la noche de tu espera. ¡Ah! Si mis manos aletearan. ¡Ah! Que terrible quietud la de la muerte. Y nuevamente algo, un salto al vacío, me desplomo en la negrura de la noche infinita que me lleva. ¿ Cuánto tiempo ha pasado desde el primer día? No sé contar en la oscuridad y mi llanto a borbotones crece como dentelladas tiradas al aire que no se respira. Universo pequeño el de mi cuerpo. Ya no puede mi universo pequeño albergarte, porque mi universo ya no me alberga. Algo cae en mi interior, mi interior es la negrura sin tiempo y las voces que se meten una dentro de la otra y se acercan en matizados murmullos hasta el destello donde comienza la luz. Muchas voces se entrelazan unas a otras. Esperan. ¿Qué esperan las voces? Un tiempo real y otro, el mío. Camino en un tiempo inexistente. Un largo valle de cristales espinados, caminos rosados y el silencio. Piso con fuerza hacia delante. Adelante la noche está avanzando. El niño mira hacia abajo desde lo alto de los acantilados. Está mirando el mar. Mira el azul intenso del mar que se desliza hacia la orilla sin prisa y allá en la orilla busca la incesante porosidad amarilla de la arena que lo espera, ebria de sed, para beberlo. Esa inmensa sed de la arena que está mirando el niño. El niño corre sin detenerse y sus pies escapan sobre los acantilados hacia el aire en vuelo. El niño se da vuelta y levanta su mano despidiéndose, después se vuelve pájaro y emigra. Las voces se alzan como una muralla, unas contra otra golpean la muralla. Yo soy esa muralla. Desde lejos lo veo irse pegado al cielo. Es un pájaro que tal vez es bello. Las voces se destemplan y golpean sobre la muralla. Yo soy la muralla. ¿Por qué me hieren las voces? ¿ Por qué se hunden en mi pequeño universo y se desatan y articulan, dueñas absolutas de mi entrega involuntaria? ¿Qué hacen conmigo? ¿Adónde me llevan? Mis pensamientos incendian los campos de cristales espinados. Ruge el mar azul. Se incrusta en la arena hasta anegarla y se precipita, más allá, en los confines de los mares, más allá, donde el infierno desprende las mandrágoras y donde el niño ya no es pájaro y donde cae el niño sin remedio en la noche infinita, en la negrura última que lo abraza. Guardo tu voz y con tu voz los esperanzados gestos cotidianos. Las luces titilan. Vaivén.Blanco, blanco vaivén. La negra noche, noche infinita se acerca. No golpees tu voz en la mutalla. Que tu voz me acaricie. Ha llegado la hora absoluta donde todo se apaga. Se apaga tu voz. Yo también me apago. La noche me abraza. Yo soy la Noche. La nada me cerca. Yo soy la Nada.
"
Enviado por heathcliff el Thursday, 01 January a las 00:59:59 (208 Lecturas)
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Una pizca de poder (JOAQUÍN)
Anonimo escribió "Una pizca de poder.
Picando las piedras, un poco más allá de Macondo, apareció un gusano.
Antes de caer al suelo, el pobre bicho había saltado por los aires despedido por el golpe de mi pico, como si una bomba hubiera estallado. En un principio, pensé que se trataba de una piedra más pero al agachar mi cabeza para dar un nuevo golpe, observé como el gusano se removía en el suelo. Parecía aturdido, asustado, quizás extrañado por el calor del sol que se ceñía sobre la cantera.
Mi primera reacción fue de repugnancia. Nunca he tolerado demasiado bien a hormigas, arañas, escarabajos, moscas y otros bichejos de ese estilo. Además, en el trópico éstos son muy numerosos lo cual, obviamente, no me agrada demasiado.
Pensé en pisarlo, en acabar con él, pero no lo hice. Sería un mentiroso si afirmara que me dio lástima. Más allá de eso, se acrecentó en mí una indudable sensación de superioridad. Vivimos aplastados por nuestro entorno, sometidos al yugo de la sociedad, cumpliendo lo ordenado por nuestros superiores, respetando la ley, siguiendo modas absurdas, temerosos de Dios y de nuestros pecados. No se reconocen los méritos de nadie, somos egoístas, desagradecidos, traidores, falsos y crueles. Por ello, decidí que, por una vez, sería yo el que mandase: el nuevo coronel Aureliano Buendía.
Pensé en perdonarle la vida durante un tiempo; cada segundo era mejor que el anterior, cada coletazo del gusano hacía crecer mi ego y mis instintos más básicos. Lo mejor era saber que su vida dependía enteramente de mí. Me debía respeto porque yo era superior. Tenía miedo, lo notaba, y eso me parecía lo mejor de todo.
De repente se quedó quieto. Me alarmé y el efecto del poder empezó a diluirse. Tomé la muerte de ese gusano como mi propio final, me sentí como un emperador destronado huyendo a Elba. De nuevo sería el hazmerreír de los superiores, el toro acorralado en la plaza por el capote, el estoque y los aplausos del tendido.
Cuando había perdido toda esperanza, mis ojos brillaron nuevamente. El gusano tuvo un ligero espasmo. No había muerto. Pese a mi profunda repugnancia decidí cogerlo. Sentí asco al hacerlo, la bilis se reconcentraba en mi estómago provocándome toses y náuseas, pero el efecto del poder merecía la pena. Una vez lo tuve bien sujeto por un extremo, empezó a moverse cada vez más rápido, poseído por el espíritu de la supervivencia como un reo que va a ser fusilado y reniega de su suerte.
Me detuve para analizarlo detenidamente. Miré sus dos extremos, prácticamente iguales excepto por la presencia de un punto negro en uno de ellos; no tenía ojos, era ciego, lo cual me divertía mucho; no era demasiado grande, tenía el tamaño de un dedo meñique, de aspecto rosáceo e inteligencia indeterminable. Llegué a una conclusión: mi víctima, aquélla sobre la que recaía mi poder, era tremendamente débil. Mi superioridad era abismal y al darme cuenta de esto, mi sonrisa tomó un aspecto macabro, como la del Dorian Gray del retrato.
Sin saber muy bien por qué, apreté el gusano en mi puño. Su cabeza, que quedaba fuera de la presión de mi mano, explotó y de ella brotó un pequeño rastro de sangre y vísceras. El poder podía con mi repugnancia, podía con todo. Empecé a frotar al gusano entre mis manos apretadas y en cuestión de poco tiempo éstas se impregnaron de una especie de papilla de carne. Extendí la sangre y los restos del gusano por mis brazos y mi cara; me bañé en poder y alcancé una felicidad difícilmente imaginable. Giré mi rostro al sol. Dejé que el astro rey me calmara durante unos minutos y bebí de la cantimplora mientras se escuchaban unas voces más arriba. Alcancé el pico y me puse nuevamente a trabajar, esperando encontrar otra pizca de poder oculta entre las piedras.
"
Enviado por heathcliff el Thursday, 01 January a las 00:59:59 (180 Lecturas)
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Ojo por ojo
Cuando el grillo se durmió, los vecinos cantaron todo el día.
Oscar Sipán
Enviado por heathcliff el Thursday, 01 January a las 00:59:59 (395 Lecturas)
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Anonimo escribió " No habrá ninguno igual a vos.... no habrá ninguno
tercero y cuarto capítulo de la novela
(alejarce)
La sonrisa perdida, esa sonrisa mía, es lo que busco, como digo en aquel cuento que escribí hace bastante, “una sonrisa de oreja a oreja y esos dos puntos fulminantes en las pupilas, que le podían al sol”. Esa sonrisa, tibia sonrisa sin dientes, apenas amanecida al mundo, esa sonrisa, suave, inocente, sin artilugios, esa sonrisa, verdadera, es la que busco. ¿Encontraré mamá esa sonrisa?. Me miro en el espejo, ya casi no me reconozco, tampoco me miro demasiado, esa mujer no me recuerda para nada a la mujer que fui. Es una lástima. Me gustaba, a veces, esa mujer. Esa mujer tenía todo el tiempo para ella, esa mujer era yo.
Otro día. Sin palabras. El juego sigue y en el juego corre la vida, mi vida, un juego de trueques, tomo por aquí, dejó por allá, un juego macabro, donde dejo mi sangre, mi tiempo. Extraño tu lejanía, tu ausencia me quiebra y me confunde y sigo adelante como si nada pasara, un río turbulento mueve mi sangre, soy un río turbulento de roja sangre habitada por nadie. No puedo, no quiero recordarte. Me lastima, tu ausencia me quiebra, pero antes, estuve quebrada sin remedio. Odié tu indiferencia y amé sin vueltas tu vida. Ambos estábamos quebrados ante el estupor de nuestro amor deshecho, se deshizo nuestro amor y perdimos la calma y nos odiamos diariamente ante la imposibilidad de amarnos y nos brindamos el rito cotidiano de querernos mansamente como se deben querer los viejos, sin fulgores ni estrépitos yo amanecía junto a tu cuerpo, deslizándome en él, pero sin tocarlo. Claro que nuestros secretos y códigos desaparecieron cuando te fuiste. Entonces el mito crece y te pone en cúspides inalcanzables y no habrá ya ninguno igual a vos, no habrá ninguno, una letra de un tango, más o menos así, no habrá ninguno.
Muchos días. Ya no duermo. Ese refugio amable del sueño esperándonos, ya no lo tengo, se transformó el sueño y todo lo que sueño cuando sueño lo que sueño. Y si me pienso, también estoy transformada al pensarme. Hace ya siete meses que estoy en esta búsqueda introspectiva de mi sonrisa, es un viaje arduo, oscuro. Tal vez una selva, hay verdes, malezas verdes que tapan el cielo, como aquel atardecer lluvioso, opaco, nítido, un atardecer para hacer buenas fotos, dirías o quizás no, no dirías nada en absoluto y tal vez lo pensaras, te entendería igual con sólo mirarte los ojos y que lástima que no trajeras la cámara, antes, siempre tenías la cámara encima, bien al alcance y entonces sacabas una foto que seguramente sería buena, íbamos en el coche y soltaste el volante y las fotos se estrellaron en un vuelco en el que salvamos la vida por milagro. Así, igual, fue el atardecer del último día en que estuvimos juntos, nosotros los de entonces ya no somos los mismos. Neruda. Veinte poemas de amor y una canción desperada. Después la muerte.
Un día, una tarde. No sé qué es mejor ni qué es peor, los fines de semana o los días de semana. Amaba los fines de semana porque tenía esperanzas de que algo nuevo nos sucediera, pero los rituales superaban todo indicio de emoción, la vida cotidiana, borró siempre los pequeños gestos de algún atisbo de pasión. Fui una mujer apasionada. Uso ese tiempo de verbo. Fui. No quiero ser ese tiempo de verbo. Ya lo sé. Todo depende de mí. Hay pájaros en el cielo que rondan mi cielo diariamente. Los veo. No estoy ciega. Solo que no estoy disponible. La disponibilidad debe estar en algún lugar con mi sonrisa, en alguna parte, tal vez estén, escondidas y sólo sea un juego, tal vez estén muy bien escondidas, tan bien escondidas que no las encuentre nunca, lo bueno es seguir buscando, lo malo es que el camino que queda sea demasiado corto y en su transcurso no tenga el tiempo para encontrarlas. Sonrisa. Disponibilidad. Me pregunto si tendré un tiempo de amor o si terminaré mi vida sin ese tiempo de amor. Todo depende de mí. No es tan fácil la respuesta. Sólo pregunto. "
Enviado por heathcliff el Thursday, 01 January a las 00:59:59 (2729 Lecturas)
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LA FOTO QUE DIO LA VUELTA AL MUNDO (alejarce)
Anonimo escribió "
Un camión volcó. Levaba 22 vacas en un camión jaula y tuvo un accidente en el sur de Rosario el camión jaula que había volcado.
Volcó en un barrio marginal, en el que vivía gente desocupada, fue allí donde volcó el camión jaula que llevaba al matadero a 22 vacas. Los hombres y mujeres y niños y ancianos rodearon al camión jaula que llevaba 22 vacas al matadero. Fue en el barrio marginal y periférico de Rosario, donde viven más de diez mil personas desocupadas, allí ocurrió el accidente donde volcó el camión jaula que llevaba 22 vacas al matadero. Hace mucho que por esos lados la gente anda sin trabajo. De vez en cuando una changa, muy de vez en cuando entonces la comida. Escasea la comida y sobra la rabia y el descontento. Alguien tomo la foto que dio la vuelta al mundo para mostrarnos. No fue así como así que pasaron las cosas en el sur de Rosario. No fue como se ve en la foto que dio la vuelta al mundo para mostrarnos. La foto que dio la vuelta al mundo mostraba a hombres y mujeres y niños y ancianos cayendo como una gran horda demente sobre vacas muertas, otras no tan muertas, sobre otras mutiladas, sobre otras moribundas. Y la sangre corría como un río rojo, como si fuera una fiesta de vendimia, la sangre corría pulposa y violácea como las uvas en la vendimia. La foto que dio la vuelta al mundo nos mostró saqueadores y vampirescos, caníbales del tercer mundo, hambrientos de carne se disputaban los pedazos de las vacas que faenaron. Trenzados a cuchillo estaban la gente, los hombres a puntazo se rajaban la piel y peleaban de muerte codiciando la frescura de la carne, a punta de cuchillo como compadritos disputándose a la mujer deseada. Cuchillo y carne. En la foto que dio la vuelta al mundo para mostrarnos no figuró el hambre ni el disfraz de los pobres gambeteando a tantos días desiguales, tampoco eso apareció en la foto que dio la vuelta al mundo para mostrarnos y del hambre no se dijo nada. Y eso está mal. Por donde se lo mire. Esta mal y no hay vueltas que le dé para que se me suavice un poco la bronca. Solo se veían a hombres y mujeres y niños y ancianos saqueando a un camión jaula que llevaba 22 vacas para el matadero. Nunca se habló en la foto que dio la vuelta al mundo para mostrarnos de la mudez y la quietud de la gente esperando. Ese barrio que está al sur de Rosario estaba hambriento, es lo único que es cierto, también es cierto que son diez mil desocupados que tienen los brazos caídos al lado del cuerpo, como dos prolongaciones inútiles, dos largas impotencia que llevan colgando desde hace rato y esos diez mil desocupados, sin embargo, esperaron la orden para faenar las vacas. Y por eso cuando llegó la orden recién se acercaron al camión jaula que llevaba 22 vacas al matadero y entonces si, faenaron las vacas. No volcaron el camión, como dicen, para robarlo, como dicen, esperaron pacientemente la orden y cuando llegó la orden, entonces si, mataron a las vacas. No se pelearon entre ellos, como dicen, miente lo que dice el breve recuadro escrito que está debajo de la foto que dio la vuelta al mundo para mostrarnos. Equivocadamente nos mostraron. Con el hambre apretada, esperaron. Eso no lo dicen, tampoco lo dice el breve recuadro escrito que está debajo de la foto que dio la vuelta al mundo para mostrarnos. Diez mil desocupados. Diez mil almas que lo único que pedían era la dignidad de un trabajo. De vez en cuando una changa, eso no más es lo que de vez en cuando conseguían para amortiguar el hambre. Y el hambre duele, duele en el cuerpo, duele en el cansancio, duele en el estómago, como un largo calambre que no piensa abandonarnos. Una sanguijuela es el hambre y les mete miedo cuando sienten que van a morir por ella, despedazados de frió quieto. Acabados por el calor que te cocina sin apuro en el horno de las calles. Sin embargo, ellos, esperaron la orden. Callados, rodearon el camión, sin atisbo de robo, esperaron con la esperanza desnuda en el silencio de esa tarde. Y por la noche hubo fiesta en las casas. Y vino. Y canto. Y un mantel largamente dormido cubrió la mesa y se pusieron los platos y también se escucho la risa y un aroma de comida fresca inundó los rincones y adornó los patios. ¿Mañana? ¿Y después de mañana? ¿ Y más delante de mañana? Hoy no, hoy no pueden pensar en mañana. Mañana es alguien lejano que espera escondido en el invierno. Mañana es un viejo flaco y descarnado, de mirada atónita y ojos vacíos. Mañana es un día de lluvia y la lluvia entrará por los agujeros que inundará la casa que se llenará de tachos. Mañana es la cara de la muerte redoblando sus pasos. Mañana es oscura, atrincherada de voces que han quedado sin sonido. Mañana es la guerra diaria, la preñes del agobio colgándose de los hombres y de las mujeres y de los niños y de los ancianos que viven en el sur de Rosario, en un barrio marginal y periférico del sur Rosario. ¿Mañana? Que importa mañana, esta noche es mañana. Hoy el sol se detuvo en el sur de Rosario, en el barrio marginal y periférico del sur de Rosario y allí, en ese barrio, hoy sonaron las doce campanadas anticipándose al tiempo. ."
Enviado por heathcliff el Thursday, 01 January a las 00:59:59 (4033 Lecturas)
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HIDRA (alejarce)
Anonimo escribió " Hidra.
La lengua emergía de mi boca desmesuradamente y en el fondo yo sabía que estaba sola y que vos eras la escapatoria a mis soledades, mi lengua quedaba afuera de mi boca y una especie de sordina se puso en mi cabeza, la sed y el sueño se hacían sentir y también el hambre y la vieja angustia desmigaba el pan, era congoja, era ternura, era el abismo sin llegar al orgasmo, era la vida sin llegar a la muerte y una flor que era primavera se deshojaba la flor como en el invierno. La lengua crecía a pasos gigantescos, ya no podía hablar. Mi lengua pesaba, caminé rápido entre la gente, nadie parecía advertir el tamaño de mi lengua que afloraba entre mis dientes y salía inerte entre mis labios, nadie se dio vuelta a mirarme, nadie dijo... Eso pensaba, de pronto entre la multitud te vi, en realidad no quería verte, pero allí estabas, allí venías, sentí que mis pasos tambaleaban, quería esconderme, si, esconderme de vos, que no me vieras, que no vieras mis pasos tambaleantes y mi lengua desmesuradamente afuera, colgando sin sentido, sin pertenencia mi lengua, sin pertenencia que dijera: esto que ves no soy yo, yo soy otra, yo soy quién estuvo con vos algún tiempo, algunos meses de aquel invierno y este otro nuevo invierno, trepando algunos meses de aquella primavera y algunos meses de ésta primavera y también aquellos días de aquel verano cuando apenas comenzaba el año. Era importante que no me vieras, parecías venir hacia mi, pero yo daré vueltas para que no me notes, para que no me adviertas, aunque tu piel cuando yo me acerco es un radar que me detecta y es mi piel la que sostiene tu presencia y tu tacto y ese doble discurso que se siente con las manos, no puedo mostrarte que mi lengua esta afuera y crece como una hidra a pasos gigantescos. Ya pesa su peso sobre mi boca y se estira sobre mi pecho, no hay nada que la detenga, ahora comienza enroscarse sobre mi cuerpo y me envuelve y si no supiera que es mi lengua pensaría que es algo ajeno, un animal o una boa constrictora que me matará ya, apenas termine de enroscarse, bueno, eso no estaría mal, lo de la boa constrictora que me matará ya, apenas termine de enroscarse, eso es mucho mejor a que me veas con mi lengua esgrimiendo en mi boca, mi lengua independiente de mi vida creando otra vida desde ella misma, como si entre mi lengua y yo hubiera infinitas distancias, me escondo en ese abrigo húmedo, casi protector que me envuelve a mi pesar, ya estoy húmeda y las granulaciones ásperas de mi lengua comienzan a enrojecer todo mi cuerpo en el que se apoya sin pudores mi lengua. Crece mi lengua y aprieta mi piel y mis huesos crujen y desordena mi sangre y mi corazón fluye hacia todas partes queriendo escapar y queriendo quedarse. Un sonido a lo lejos, tal vez un tren, ese tren puede llevarme lejos, pienso, lejos de donde estoy, lejos de vos que te acercas a mi. Saltaré, voy a correr entre la gente y voy a tomar ese tren que no sé donde me lleva, lejos de donde estoy, eso es seguro, lejos de vos que te acercas a mi, voy a tomar ese tren que no sé donde me lleva, tal vez a ninguna parte, pero lejos de vos, por favor, lejos de vos, que no veas mi lengua babeante, que no veas mi cuerpo apretado por una boa constrictora, que no veas mi muerte tan lenta, que no te acerques. Quiero un recuerdo para darte. Eso es. Te regalo un recuerdo, el último, o el anteúltimo recuerdo o cualquiera que elijas, yo elegiría el río, el jardín, las hortensias, el restauran de la costa sobre ese mismo río, con el viento y el frío y aquel lugar tan especial donde habías hecho preparar la cena, donde había un cuadro con un faro, el faro más lejano del mundo, te dije, si el más lejano, dijiste, o las mañanas alumbradas y apenas cuando empiezan, la manteca en el pan caliente, te elegiría a vos, haciendo una reja verde para mi cumpleaños, elegiría tus manos ásperas y buenas, elegiría tu hombro y tus brazos y también los labios y la ternura y las causas y me tengo que ir, el tren se está yendo, viajaré a la velocidad de la luz y no me encontrarás. Jamás verás que mi lengua sale de mi boca y babea y aprieta sin piedad mi cuerpo y mi cuerpo comienza a resquebrajarse como una masa reseca, como un hilo que se corta, como un pan que se olvidó sobre la mesa, como un verano sin mar, como una gota de lluvia que nadie noto, corro al tren, aparto a la gente que se interpone a mi paso, corro, solo se correr, mi vida solo estuvo esperando este instante, correr, llegar al tren, treparme a sus vagones marrones, inestables, maltratados, correr y llegar y entonces cuando el camino se bifurca y por fin te pierdo, ya no podes verme, ya no encontrarás mi lengua babeante enroscada sobre mi cuerpo, ya no me veras y entonces si, el recuerdo apresado, un relámpago de luz que me ilumina y vos te prendes a él y ese recuerdo que me recuerda es el mejor recuerdo que debes guardar porque allí estoy, en tu memoria mentirosa que hará de mi recuerdo lo que vos quieras y me perderé con él, con ese recuerdo mentiroso que acabará el tiempo y se extinguirá y se apagará como una luz que se apaga como un fósforo que se extingue como la vida que termina. 26/11/06 "
Enviado por heathcliff el Thursday, 01 January a las 00:59:59 (3831 Lecturas)
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EL ABRAZO DE LA NOCHE (alejarce)
Anonimo escribió "
Lo primero que siento es un choque en mi cabeza y el estallido junto con los gritos y también la frenada del coche y yo que salto, salto en el ruido de la frenada, desprendída en arabescos livianos, como si todo fuera una película en cámara lenta. Algo cruje dentro de mi cabeza. Y me veo a mi misma dando vueltas en el aire y las voces que gritan y dicen las voces gritando. Mirá lo que le hiciste, la mataste. Dicen. Y sorpresivamente comprendo que se refieren a mí. Que sigo dando vueltas en el aire acompañando el sonido musical de los frenos. Maldito, dijo él. Maldito hijo de puta. Repitió él. Y me abraza y me llama y yo estoy acostada en el asfalto frío como si el asfalto frío fuera una cama mullida que me ampara. Estoy aquí, dije. Pero mi voz se escuchó en los rincones de mi cuerpo y se quedó atrapada en los rincones de mi cuerpo, sin el aire que estaba en el aire que mi voz no tocaba. Y las lágrimas me salpican y la saliva de tu boca que sale a borbotones, como mi sangre, que se va escurriendo de mi cuerpo.. Un río de saliva, de sangre y de palabras que dicen: Hijo de puta, mirá lo que le hiciste, mirá... Y apenas después, el sonido de la ambulancia y apúrense. Dice. Otros también dicen. Se está muriendo. Dicen. Y vi como el cielo se oscurecía y el silencio y el silencio. Vaivén. Blanco, blanco vaivén. Una luz llega, blanca luz llegando. Un camino sinuoso. Ceguera iluminada. Una luz blanca. Destellos inútiles van a perderse en la negrura. Blanca luz, blanca. Los ojos cerrados. La luz incendia los párpados. Una línea como un horizonte. Una hendidura, una puerta abierta que deja pasar la luz blanca que titila y otra vez más y muchas veces más, la negritud extendiéndose como una noche larga, una eterna noche. Larga negritud como una noche larga y entonces los relámpagos se filtran por la línea apenas abierta de los párpados, pesados, heridos, crueles. Una voz, ese sonido es una voz, matizado susurro que me llega en la noche oscura y en los relámpagos que se filtran imperceptibles. Ahora la voz se arrincona y se mete dentro de otra voz. Las voces se entrelazan y luego se esconden en el vaivén de la noche donde la luz no penetra. No hay tiempo. Te digo.. No hay más que la nada de un tiempo infinito y en la negritud esos instantes de luz blanca y las voces metiéndose una dentro de otra hasta que se apagan en un sollozo casi mudo, transparente, helado y la negrura vuelve a hundir todo en la nada, en la ceguera profunda y de repente, otra vez la luz. Cuando la luz aparece, te hablo, te digo que te escucho, que no dejes de escucharme. Inútilmente te hablo. Se acabó el sonido de mi voz en las palabras. Algo cae en mi interior, mi interior es la negrura sin tiempo y las voces se meten una dentro de otra y se acercan en matizados susurros que me llegan en la noche oscura y en los relámpagos que se filtran imperceptibles hasta el destello donde comienza la luz. Las voces. Las voces hablan entre si. Y también las voces me hablan. Dicen mi nombre y yo reconozco mi nombre en sus voces sollozantes. Lloran las voces que pronuncian mi nombre, mi nombre es largamente conocido. ¿Cuánto hace que mi nombre se apoya en tus labios para nombrarme? Algo se sacude en la noche. Yo soy la noche, igual que mi nombre repetido hasta el cansancio, yo soy ese nombre. Mi boca permanece atrapada en los silencios, la mudez en el espacio es un eco sin sonido que no regresa. Has dejado de escucharme. Y ahí están tus manos sobre las mías. Tus manos que frotan las mías infundiéndoles un calor que no llega. El frío es enorme. Yo soy ese frío. Tus manos son tibias, tus venas gruesas y azules por donde fluye roja la sangre que no calienta mi sangre detenida en un espacio infinito. Has dejado de sentirme. Me habla tu voz. Habla y se detiene en el borde de la palabra y yo siento cómo el agua de tu boca salpica mi cara. Pero tal vez no sea el agua de tu cara la que salpica mi cara, y son tus ojos que están llorándome y son las gotas saladas de tus ojos las que salpican mi cara que está quieta y ausente. Desde la ventana de ese cuarto se ven las copas de algunos árboles. Decís. Te gustan esos árboles. Decís. Las hojas tienen los colores ocres del otoño, es un día transparente como aquel día en que nos encontramos cuando fue la primera vez. Decís. Escuchame. Decís. Dice tu voz que yo reconozco entre todas las voces. Pero vos no sabés que yo sé de tu voz y que tu recuerdo está intacto dentro mío, como fotografías que se apilan en los rincones de la memoria. Te escucho y no hay indicio, por más imperceptible que sea, que te lo haga saber. Recuerdo el instante del estallido y los fragmentos de mis pensamientos desperdigados en infinitas partículas doradas. Mis pensamientos eran órbitas que giraban y al tocarse unos con otros producían un nuevo estallido y después la nada. Estoy suspendida en la nada y voy a caer. Haz dejado de sostenerme. La tristeza te envuelve y el manto de tristeza que te envuelve resbala por tu cuerpo y tu cuerpo desnudo no tiene consuelo. Hablás y tu voz retumba en los sótanos de mi cabeza, como en las catacumbas de una iglesia. ¿Cómo será verte nuevamente? ¿Estarás cerca de la ventana de este cuarto donde se ven las copas de algunos árboles y las hojas tienen los colores ocres del otoño? ¿Será realmente un día transparente como aquel día en que nos encontramos cuando fue la primera vez? ¿ Cuánto tiempo ha pasado entre lo que fui y lo que soy? No puedo determinar el tiempo. No podré determinarlo nunca. ¿Esa traslación de astros a mi alrededor es el tiempo? ¿El tiempo real? ¿Este tiempo de hoy que no puedo precisar? ¿O aquel otro que va acompañando la cotidiana indiscreción de los relojes? Ya no veo las finísimas arañas que rodean tus ojos y se detienen con crueldad alrededor de tus ojos. ¿Cómo será verme nuevamente? Tener un espejo y mirarme hasta poder reconocerme en mis mismos ojos. ¿Y mis labios? ¿Cómo serán mis labios? ¿Tal vez una fina línea apenas esbozada que se pierde en la rígida palidez de mi rostro? ¿Y mi cuerpo? ¿Tan ajeno estará que no se siente que no emite un sonido ni expande color alguno y despedido de sí mismo naufraga demente en aguas heladas? ¡ Ah! ¡ Qué inalcanzable me resulta el ayer! ¿Será porque hoy ha dejado de existir y mañana no estará en ninguna parte? ¿Por qué me retenés? ¿ Por qué no abrís de una vez tus manos y me dejas escapar? Soy un pájaro. Quiero volar y alejarme de tu voz que retumba en los sótanos de mi cabeza como en las catacumbas de una iglesia. Volar es escapar de la quietud. Olvidarse de olvidar. Reconozco tu voz y tus palabras. Una dicha lejana y desmedida me abrasa por dentro y me quema como un fuego de cristales. Sucumbo en el sonido de tu voz que me retiene. A pesar mío me retiene. A pesar mío quiero que me sigas reteniendo. Pero la quietud no tiene que ver con el vuelo. Tantas veces tu voz. Tantas veces el vuelo. Tantas veces la máscara blanca y fría colocada sobre mis brazos que no abrazan. ¡Ah! Si el grito pudiera agujerear la noche de tu espera. ¡Ah! Si mis manos aletearan. ¡Ah! Que terrible quietud la de la muerte. Y nuevamente algo, un salto al vacío, me desplomo en la negrura de la noche infinita que me lleva. ¿ Cuánto tiempo ha pasado desde el primer día? No sé contar en la oscuridad y mi llanto a borbotones crece como dentelladas tiradas al aire que no se respira. Universo pequeño el de mi cuerpo. Ya no puede mi universo pequeño albergarte, porque mi universo ya no me alberga. Algo cae en mi interior, mi interior es la negrura sin tiempo y las voces que se meten una dentro de la otra y se acercan en matizados murmullos hasta el destello donde comienza la luz. Muchas voces se entrelazan unas a otras. Esperan. ¿Qué esperan las voces? Un tiempo real y otro, el mío. Camino en un tiempo inexistente. Un largo valle de cristales espinados, caminos rosados y el silencio. Piso con fuerza hacia delante. Adelante la noche está avanzando. El niño mira hacia abajo desde lo alto de los acantilados. Está mirando el mar. Mira el azul intenso del mar que se desliza hacia la orilla sin prisa y allá en la orilla busca la incesante porosidad amarilla de la arena que lo espera, ebria de sed, para beberlo. Esa inmensa sed de la arena que está mirando el niño. El niño corre sin detenerse y sus pies escapan sobre los acantilados hacia el aire en vuelo. El niño se da vuelta y levanta su mano despidiéndose, después se vuelve pájaro y emigra. Las voces se alzan como una muralla, unas contra otra golpean la muralla. Yo soy esa muralla. Desde lejos lo veo irse pegado al cielo. Es un pájaro que tal vez es bello. Las voces se destemplan y golpean sobre la muralla. Yo soy la muralla. ¿Por qué me hieren las voces? ¿ Por qué se hunden en mi pequeño universo y se desatan y articulan, dueñas absolutas de mi entrega involuntaria? ¿Qué hacen conmigo? ¿Adónde me llevan? Mis pensamientos incendian los campos de cristales espinados. Ruge el mar azul. Se incrusta en la arena hasta anegarla y se precipita, más allá, en los confines de los mares, más allá, donde el infierno desprende las mandrágoras y donde el niño ya no es pájaro y donde cae el niño sin remedio en la noche infinita, en la negrura última que lo abraza. Guardo tu voz y con tu voz los esperanzados gestos cotidianos. Las luces titilan. Vaivén.Blanco, blanco vaivén. La negra noche, noche infinita se acerca. No golpees tu voz en la mutalla. Que tu voz me acaricie. Ha llegado la hora absoluta donde todo se apaga. Se apaga tu voz. Yo también me apago. La noche me abraza. Yo soy la Noche. La nada me cerca. Yo soy la Nada.
"
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Y él baila (alejarce)
Anonimo escribió " Y él baila y rebota, rebota rebota. Y la música se expande en el aire apenas denso y el baila y rebota, rebota, rebota. Su figura grotesca, como una esfera, pensé y la luz titila y él baila y rebota y rebota rebota. Sonrío. Lo miro y sonrío. Una carcajada se me rompe por dentro. Larga carcajada vacía, callada. Y él baila y rebota rebota rebota. Sigo sonriendo, una curva apenas delineada de la boca. Mi boca irónica se curva hacia arriba y un desdén desagradable va cayendo de ella. Una saliva viscosa se desprende desde los vértices hacia ninguna parte, se pierde la curvatura irónica de mi boca viscosa, de mis desdén enlutado y frío. Y él baila y rebota rebota rebota. La sonrisa estática, clavada, sin ninguna sugerencia sigue allí, inmutable, asegurándose su destino. Convoco a los espíritus y bailo y me muevo apenas, sin sugerir nada. Una danza agria, sin destino posible, marcan los pasos y un dos y tres y un dos y tres, fabrico una sensualidad ocasional, perdida dentro mío y para siempre. Lamentaría que fuera perdida y para siempre, alguna vez debería ser cierta, esa cuerda tensa y vibrante, donde la emoción rescata el temblor y donde el cielo ocupa un lugar imponderable sobre la tierra, esa cuerda sensual, que estalla en caricias y gime como un gato esperando que salten sobre el, después de esa mítica espera de gemidos. Esa cuerda no está, nadie la tensa. Y él baila y rebota rebota rebota. Pienso que tal vez antes, ayer, mucho tiempo atrás, él habrá seducido desde ese lugar, digo, desde la danza, desde otro cuerpo que estuvo debajo de ese cuerpo y la mirada vivaz, habrá enamorado, o no, pero es casi seguro que si. Pienso, pobre tipo, hace lo que puede, pero no puede, pienso, tiene ritmo a pesar de todo, pienso y en eso no se esfuerza, o si, que se yo. Linda, me dice. Basta, le digo. Una voz látigo, imprudente, no deseada, dice basta, es mi voz, encaramándose hasta la estridencia de la música que se expande y baja como un cuchillo y también dice. Basta. No soy linda, no quiero ser linda, pienso. Miento, tal vez antes, ayer, mucho tiempo atrás, hablé con mi cuerpo, una cuerda sensual deteniendo las miradas y las miradas creciendo como un viento embravecido. Linda, decían y yo sonreía porque era dueña de las miradas. Me iba por la banalidad de una juventud imperfecta y avasallante y demasiado efímera, me iba caminando segura hacia ningún lugar. Y él baila y rebota rebota rebota. Y una mano desconocida, su mano extranjera, rosa la piel de mi cintura. Me gusta tu piel, dice. Basta, dije. Basta, le dije y la voz se afila, daga, cuchillo, acero. Una voz, mi voz escapa y cae y vuelve a caer y asesta, se clava, se hunde. Y él baila y rebota rebota rebota. Muestra los diente parejos, blancos, inanimados, la mano molesta se queda quieta, detenida en le gesto apenas vislumbrado, nacido el gesto en su mano extranjera, muere sin pudores en el aire. Me siento, él me sigue, también se sienta. Hace bromas, se acerca. Basta, le digo. Y mi voz crepita en el fuego, en las lenguas de fuego que lo ahogan y lo queman. Y él tose, se quema, se está ahogando. La voz fuego pregunta. Leíste a Márquez, a Borges, a Simone de Beauvauar, a Semprum, a Cortazar, tal vez, leíste leíste leíste. Ambiguo, acorralado. La pelea se tiñe de rojo, los contrincantes en el rin, lo tengo, está acorralado, lo puse entre las cuerdas y allí le asesto una y otra y va al vientre y a los testículos, y al vientre y a la cara, y al mentón y la sangre roja tiñe su cara transpirada. Ambiguo, no recuerda, no sabe, miente. Miente mal y él rebota rebota rebota. No leyó nada, pienso. Dijo antes, un día, el primer día, el único día efímero de un efímero encuentro, casual y efímero, un encuentro breve, obra del azar. Dijo. Soy un lector empedernido, empedernido las pelotas, pienso y pienso así, las pelotas, no leíste nada, nunca, nada. Arthur Miller. Se acordó de uno. Lo dejo salir de entre las cuerdas. Retrocedo para mirarlo, piensa que saldrá por lo menos empatado, que estará a resguardo su prestigio de lector empedernido. Desde el lateral del rin, sonrío. Que bien, le digo, no, no leí nada de Arthur Miller y miento y saboreo la mentira y pienso en Las brujas de Salem, en Trópico de Capricornio, en Trópico de Cáncer, en La Muerte de un viajante y él desde el otro extremo del rin, él, sublimiza mi ignorancia y cree cosechar un triunfo. Y él rebota rebota rebota,mientras habla y yo no sé de que habla, porque hace rato perdí la cuenta de sus palabras y me fui hasta mi casa y abrí las puertas de mi casa y respiro su aire leve y perfumado y mi perra viene a mi encuentro y se encarama en dos pastas para que la acaricie y yo la acaricio y la nombro y me siento feliz de que me haya esperado y venga a mi encuentro, la biblioteca surtida y abierta a mis manos conocedoras, la luz cálida, la silla frente a la computadora apagada, a la espera que la encienda. La habitación de mi hijo, despierto todavía y mi beso. Llego a la mía, las paredes blancas, los posters colgados con leyendas que hablan de un pensamiento, de una historia, pienso que alguna vez voy a cambiarlos, por lo menos de lugar y pondré algún otro que hablé de hoy, de la historia reciente. Entro en el baño y me saco el maquillaje de los ojos y después miro tu foto que desde allí me mira, me seguirá mirando y te recuerdo antes de que me lleve el sueño. Y él rebota, rebota, rebota y baila y se mueve y habla, no deja de hablar. Los dos en el cuadrilátero, el gong señala el sexto y último round. Salimos, me dice. Soltame, le grito y mi mano se alza. Linda, me dice La mano golpea, el vientre la cara los ojos. Preciosa. Al vientre a la mirada, mi mano golpea, el se seca el sudor mezclado con la sangre, entonces aprovecho ese movimiento instintivo, intimo y golpeo sin parar, ya está arrinconado, las cuerdas sostienen su espalda, una y otra vez caen mis puños y él ya no se defiende, él ya no baila, él ya no rebota, está tendido en el suelo sucio, con restos de comida y cigarrillos apenas terminados, Alguien levanta mi mano en lo alto. Gané la pelea en el sexto round. Todo movimiento acabó. Estoy sola. ¿que gané? No me acuerdo."
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No hay nadie que los mire
Anonimo escribió " Últimas noticias
No hay nadie que los mire
(alejarce)
Los cuatro fueron recorriendo las calles. El niño iba sobre los hombros del hombre. La niña estaba en los brazos de la mujer.
Si alguien mira al niño, sus ojos enormes devuelven la mirada y la mirada es húmeda y envolvente. Si alguien mira la mirada del niño y la mirada del niño queda detenida en la mirada de alguien, ese alguien comenzará a estremecer, como si una lluvia reventara de repente dentro de esa mirada. Si alguien lo mira. Pero para que esto ocurra, alguien debe detenerse y mirarlo a los ojos y atreverse a seguir miràndolo. Por eso, tal vez, no hay nadie que lo mire. En cuanto a la niña, es frágil, casi volátil. Los brazos de la mujer no parecen notar el peso ínfimo de su cuerpo al cargarla. Si alguien mirara a la niña se quedaría enredado en sus largas pestañas negras y en esa tristeza milenaria que le abarca las aguas profundas y grises de sus ojos. Si alguien la mirara, tal vez, se preguntaría el porque de esa tristeza sin descanso siempre al borde de los ojos. Para que esto ocurra, alguien debe detenerse y mirarla a los ojos y atreverse a seguir miràndola. Pero no hay nadie que la mire. No hay ojos, no hay rostro, no hay corazón, no hay labios, no hay palabras que se muevan en el aire. Solo un naufragio subversivo comiéndose su tiempo de infancia. El hombre camina inclinado, mirando hacia abajo. Es un hombre joven, tal vez un hombre fuerte, tiene un nombre y alguien lo llama por ese nombre y el responde a ese nombre cuando alguien lo llama.
Camina inclinado, mirando hacia abajo, nadie ve sus ojos, están ocultos sus ojos tras los párpados bajos. Las cejas se delinean gruesas, oscuras. Las cejas que están sobre los ojos. Se para e inclina el cuerpo y su mano ancha y nerviosa busca una bolsa amarilla que está en el suelo de la calle por donde caminan. La mujer se detiene y pone a la niña en la vereda, casi en el filo del cordón de la vereda, el hombre descuelga al niño de sus hombros y también lo pone en la vereda, casi en el filo del cordón de la vereda. Los tres están alrededor del hombre que abre la bolsa amarilla que está en el suelo de la calle por donde caminan. Los tres están pendientes de los gestos del hombre que mete su brazo dentro de la bolsa amarilla y busca adentro de la bolsa amarilla como si se le hubiera perdido algo que debe estar allí dentro. Después de hurgar en lo que hay adentro de la bolsa amarilla, saca algo y lo mete en una bolsa de plástico que llevaba en el bolsillo del pantalón. Ahora la bolsa de plástico está colgada de su brazo y se balancea mientras camina. Van repitiendo el gesto a lo largo del camino, hasta que la bolsa colgada de su brazo está casi llena. Entonces el hombre, la mujer y los dos niños, extienden en el suelo unos diarios y se sientan alrededor de los diarios. El hombre abre la bolsa de plástico que está colgada de su brazo y que está casi llena y saca lo que hay adentro. Los cuatro comen en silencio. La gente pasa. No hay nadie que los mire. Si alguien los mirara, tal vez, se preguntaría el porque de esa tristeza sin descanso siempre al borde de los ojos. Para que esto ocurra, alguien debe detenerse y mirarlos a los ojos y atreverse a seguir miràndolos. Pero no hay nadie que los mire.
"
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La sociedad está mirando hacia el futuro. Nadie mayor de 45 años puede andar por las calles durante el día. Nadie mayor de 45 años puede andar por las calles durante la noche. El gobierno ha decreto y firmado dicho mandato. Para ello a construido en la periferia de la Patagonia hogares para hombres y mujeres argentinos de dicha edad hacia adelante. Firmado “La Estética Nacional es nuestra mayor preocupación”.
Mamá... Cuándo te vayas ¿qué voy hacer conmigo? Crecer hijo mío. La sociedad esta mirando hacia el futuro y el futuro es la juventud, el dinamismo, la verticalidad, el orgullo de los mayores. ¿ Y cuando crezca tanto que sea grande como vos ¿ qué voy hacer mami? Morirte hijo mío. Como yo.
Papi... Hoy en el colegio, dijeron que ustedes los viejos no sirven para nada, que están contrahechos, que viven a fuerza de pastillas y esas pastillas que toman les cuesta mucho dinero al gobierno, que están mal visto, que la cara de ustedes y los surcos de arrugas que tienen la cara de ustedes es inapropiado para una sociedad que mira hacia la tersura de una dinámica juvenil y prometedora, que transpiran, que ya terminó su ciclo reproductivo, que no entran en la balanza de la canasta familiar, que les hace mal el sol, el agua, que estornudan, se quiebran, se caen, no duermen, tampoco piensan y también se vuelven locos con mucha facilidad, que son grotescos y feos, que no van a los gimnasios, que usan ropas que no tienen marca, que se les cae los dientes, que tienen olor, que sufren y lloran por cualquier cosas, que son mojigatos, sordos y poco saludables. Dijo también mi maestra que escribiéramos en el cuaderno las siguientes reglas: Los niños son el futuro, porque el futuro es de la juventud. Que si nos drogamos lo hagamos moderadamente para no causarnos daño. Que los obesos deben eliminarse de la Tierra, ya que consumen gran cantidad de grasa, dulces, azucares que provocan se agrande aún más el agujero de ozono. Que ocupan demasiado espacio. Que son incómodos. Vulgares y si se caen hacen mucho ruido Que la delgadez la debemos lograr, aún, por encima de nosotros mismos. Ser delgado es ser admitido en todos los lugares sin restricción. En estos reglamentos están excluidos: Toda persona que mida menos de 1metro 65 centímetros. Que pese más de 50 kilos. Que sea mayor de 30 años. Que no sepa hablar ingles. Que defienda a los ancianos. Que no se hayan crieado bajo las reglas de la Religión Católica Apostólica Romana. Que lean cualquier documento que no esté debidamente chequeado por el gobierno. Que piense. Que no quiera hacer el servicio militar. Que tenga amigos judios. Que los defienda. Que hablen su idioma. Que tengan enfermedades. Que sea de piel negra, medio negra o relativamente tirando a dicho color. Absolutamente excluidos los pobres: Por qué: Son pobres. Sucios. No tienen dinero. Viven en villas miserias hacinados como animales. Son borrachos. Hablan mal y huelen peor. Piden en la calle monedas. Son sucios. No tienen educación. No tienen médico que los atienda. Se enferman todos los días. Son leprosos y el contagio es altamente peligroso. Tiene las muelas cariadas. No tiene futuro. Raramente llegan a la edad en que deban retirase. Cuando mueren no tiene velatorio. No tiene derechos y hay un marcado desinterés por tenerlos. Quién cumpla con todas éstas condiciones, será amparado por El Gobierno Nacional y disfrutará de todo el bienestar que le ofrece el Fondo Monetario. Desde ya muchas gracia. Firmado y declarado de interés Nacional por La Presidencia de la Nación Argentina.
"
Enviado por heathcliff el Thursday, 01 January a las 00:59:59 (3723 Lecturas)
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El Tintero Virtual es un una actividad semanal que tiene lugar en el foro de escritores de Terra, y ha venido desarrollándose durante más de seis años.
El TINTERO VIRTUAL es un concurso semanal en el que los participantes escriben de viernes a miércoles un relato de no más de 4000 caracteres sobre un tema fija de antemano. El jueves, cada uno de los participantes vota a sus relatos preferidos y quien resulta ganador obtiene el privilegio de fijar el tema sobre el que se escribirá la semana siguiente.
Cumbres Borrascosas se limita a promover esta recopilación y a darle soporte técnico.
Los relatos son propiedad de sus autores.
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